Yo quiero una presidenta como Rousseff

Dilma Rousseff ha sido destituida esta semana como presidenta de Brasil por el Senado de su país, en lo que ha sido calificado como un “golpe de estado” blando. Rousseff supone un referente para la democracia y, sobre todo, para las mujeres. Es además un modelo de superación. Yo quiero una presidenta como ella.

Luchó contra la dictadura, motivo por el que permaneció tres años encarcelada. El 1 de enero de 2011 fue elegida primera presidenta de Brasil por el Partido de los Trabajadores (PT), convirtiéndose en la cuarta jefa de gobierno de América del Sur tras Lidia Gueiler Tejada (1979, Bolivia), Michelle Bachelet (2006, Chile) y Cristina Fernández de Kirchner (2007, Argentina)

Esta política, una de las pocas que ha resquebrajado el denominado ‘techo de cristal’, dirigió sus primeros mensajes a las mujeres. Me gustaría mucho que los padres y las madres de las niñas puedan hoy mirarlas a los ojos y decirles: ‘Sí, la mujer puede”, proclamó.

Según la activista brasileña Raquel Rosario Sánchez, “Rousseff conocía bien los temas de género (algo sorprendente para alguien en política)”. Comprendió que el aborto seguro era una cuestión de salud pública (desde el año 1996, mueren en Brasil una mujer o niña por aborto clandestino cada dos días y medio) y durante su mandato defendió la interrupción del embarazo por “motivos médicos y legales”. Esta postura cosechó las críticas de los sectores conservadores por motivos obvios, pero también de las feministas, que le pedían más compromiso con este tema. Además, contribuyó a castigar más severamente los feminicidios (asesinatos de mujeres) promoviendo una ley expresa.

Su talante democrático quedó de manifiesto al destituir fulminantemente a siete ministros involucrados en casos de corrupción. Por tanto, la acusación que se ha formulado contra ella de haber manipulado presupuestos es un crimen inexistente que, para Raquel Rosario Sánchez, “tiene dos agravantes”: ser mujer y no titubear al introducir en sus políticas los temas de género, en particular la erradicación de la violencia contra la mujer.

Hoy Rousseff, dice Sánchez, ha adquirido el estatus de icono del feminismo brasileño: “Las feministas que anteriormente le exigían mucho más y se mostraban decepcionadas con lo que consideraban la falta de cambios radicales, hoy reconocen en Dilma Rousseff a una mujer que ha batallado en muchas luchas difíciles”.

Raquel Rosario Sánchez le dedica un artículo en ‘Tribuna Feminista’

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